Puerta 1: Conocimiento
Y entró a un lugar tan familiar pero tan desconocido, siempre sostuvo que el conocimiento no es sinónimo de memoria. Era una especie de bosque con un césped que le llegaba prácticamente a las rodillas, con muchos árboles forrados de hojas verdes, con un sonido de agua que le indicaba que un río se encontraba a la distancia.
Camino, ciertamente sin rumbo, hasta encontrar un pequeño prado en forma circular en que el pasto era más corto. Justo en medio de aquel prado se encontraba un anciano. Se acercó a él cautelosamente pero sin miedo alguno, aún se preguntaba porqué todo le parecía tan familiar. Esa era una respuesta que estaba a punto de obtener, de la manera menos imaginada quizás.
Llegó hasta el lugar donde se encontraba el anciano, el anciano se recostó y de igual forma de manera instintiva hizo él. Antes de que pudiera pronunciar alguna palabra lo interrumpió el anciano:
- Yo sé que sabes quién soy, no es necesario que me lo preguntes, de igual forma yo sé quién eres así que tampoco preguntaré. El conocimiento no es sinónimo de memoria.
Y ahí se dio cuenta, esa frase jamás se la había dicho a nadie, no había manera de que alguien pensara de manera tan igual a él, o al menos no había forma de que alguien pensara tan igual a él y se encontrara en el mismo sitio, en una situación tan particular.
- Así que tú eres yo- le dijo al anciano
- Sí, en lo correcto estás, pero más precisamente soy una parte de ti- dijo el anciano sin dejar de ver el cielo azul adornado con unas cuantas nubes.
- ¿Ah sí? De manera que estoy compuesto de “muchos yo”- dijo en tono sarcástico
- El sarcasmo no es necesario, al menos no cuando hablas contigo mismo, sé que sabes que sé a la perfección cómo lo usas- dijo el anciano en tono burlón.
- Tienes razón. Te haría una pregunta, pero sé que tu respuesta será bastante similar a todo lo que has dicho desde el momento en que iniciamos esta conversación.
- En efecto, así será.
- De tal forma que tú eres de mí, algo a lo que yo podría llamarle mi conocimiento.
- Estás en lo correcto- dijo el anciano riendo.
- Y si te puedo ver, significa que no puedo estar en otro lugar que no sea mi mente o muerto, pero si estuviera muerto esto no tendría sentido, ya que ya tenía planes pera mi muerte- Y esbozó una sonrisa macabra.
- ¡Ja ja ja!- Soltó a reir el anciano- Sí, tus famosísimos planes de derrotar a Dios.
- Entonces, si te encontré a tí en este lugar debe haber un propósito. Pero preguntarte sería inútil ya que tus respuestas son ironías hacia mis preguntas. Bien me lo tengo ganado por mi maldita forma de ser- Hizo una mueca de desaprobación para sí mismo.
- Que no me puedas preguntar no significa que no podamos entablar una conversación- sonrió el anciano.
- Sabía que ese era el método. Siempre lo ha sido, platicar conmigo mismo para obtener respuestas.- Rió levemente.
- Cierto- dijo en tono serio el anciano- pero es algo que a pesar de que lo sabes, tiendes a olvidarlo.
- Bueno es que… Pues si tú eres mi conocimiento, ciertamente sabes porque lo hago.
- Efectivamente.
- En ese caso platiquemos. Bonito lugar este. Si te hago preguntas no obvias, ¿las responderás?
- ¡Ja ja ja! Para alguien que estudió el lenguaje y que se está dirigiendo a sí mismo, aún tratando de evitar ser tonto en los modos de hablar, lo eres. Para entablar una conversación se necesitan preguntas obviamente ¿Que no se lo enseñaste a la tipa aquella que pedía no la cuestionaras?
- Bueno eso dices tú porque eres sólo conocimiento, en ti no influyen otras cosas, para ser el conocimiento de alguien que sabe eso, eres bastante bobo.
- Lo sé
Ambos rieron por unos instantes intercambiando bromas, pero tenían claro que el propósito de aquella visita no era el entretenimiento.
-Bonito lugar el que escogiste “conocimiento”, te llamaré así porque llamarte por mi nombre no me agradaría, bien sabes que ni a mí me agrada mi nombre.
-Pues la elección no podía ser otra, es el lugar que más te agrada de los que has estado en tu corta vida, aparte de ser donde naciste. Además, a mí que soy sólo tu conocimiento, me agrada por eso, por saber que te gusta a ti, no por otra cosa.
-Afortunadamente pocos conocen este sitio en la “vida real” si no ya incluso de mi mente hubiera desaparecido. Como sé que no puedo preguntarte el objetivo final de mi estadía en este lugar, al menos quiero que me confirmes lo que creo: Que no hay vuelta atrás al elegir una puerta, que encontraré partes de mí mismo así como tú, que en cada lugar deberé obtener algo de información que me ayudará a entenderme mejor a mí mismo.
-Así es.
-Seguramente no me voy a hacer el trabajo sencillo ¿verdad?
-Ciertamente-Y volvió a reir el anciano.
-¡Ja ja ja! Lo sabía, para poder entender algo me tendré que esforzar de alguna forma, ni para mí hago las cosas fáciles.
-En efecto, y ya que tú mismo lo has dicho, tu tarea en este pequeño prado consiste de encontrar tu memoria. Tu memoria es algo que no has cuidado mucho, la razón… La razón no tiene importancia.
-Pues quizás si la tenga, por algo he abandonado mi memoria. No me digas que debo levantarme para buscarla.
-Hasta para buscar cosas en tu mente eres flojo. Mira te lo voy a hacer lo más fácil que pueda. Sé que a veces las cosas sencillas te dan flojera y que para verdaderamente interesarte en algo, ese algo deberá ser un reto para tí.
-Pero… Si tú sabes dónde está, ¿qué por lógica no lo sé yo también?
-Siempre tan brillante. No por nada me he quedado contigo todos estos años. Bueno, para esos propósitos he convertido ese conocimiento en un recuerdo, así que con tu memoria escondida, ni tú ni yo sabemos realmente dónde está, sólo sabemos que hay que buscarla.
-Muy inteligente de tu parte, no esperaba menos de mi conocimiento.
-¡Te lo agradezco! Aunque sólo te estás alabando a ti mismo.
-Si no me quiero levantar para encontrarla, debo ver la imagen mental que tengo de este lugar y recorrer objeto por objeto y descubrir dónde la representación que mi mente hizo sobre mi conocimiento escondió mi memoria.
Y así cerró los ojos. Y recorrió ese mágico lugar lleno de vida, objeto por objeto.
-Ya lo tengo- Dijo en tono serio.
-Parece no agradarte- Dijo el anciano.
-Por alguna razón habré tratado tanto tiempo de olvidar todo aquello, y volver a encontrarlo no es precisamente mi mayor deseo.
-Pues ya que has encontrado tu memoria, es necesario que avances al siguiente lugar. Claro que si quieres saber algo, estaré más que dispuesto a decírtelo- Dijo el anciano como burlándose de la situación.
- Me encantaría saber algo… Ya que tú eres conocimiento puro, y no estás influenciado de ninguna manera por sentimientos, razonamientos, situaciones, recuerdos ni nada más… Dime… ¿He hecho lo correcto durante mi vida?
- No lo sé- Y esta vez lo que antes fueron bromas y juegos ahora se había convertido en un extraño silencio mezquino, como aquel de quien invita a alguien más a salir de su casa sin decírselo.
-Me gustó mucho que eligieras este lugar, creo que me quedaré en este lugar un poco más, el tiempo que use aquí sé que no será un desperdicio. Si me lo permites aplicaré aquí mi frase sobre la relatividad: “Todo es relativo…”
-“Y eso es absolutamente cierto”- Interrumpió de nuevo el viejo- Y aunque no es que me desagrade tu compañía, es hora nuevamente de que hagas la elección.
-¿Qué elección?- Preguntó sorprendido.
Pero era tarde ya. El anciano había desaparecido y en cambio había dejado 4 puertas, así como lo vio antes de llegar a ese lugar tan maravilloso.
Esta vez tenía una herramienta especial: Una llave que representaba su memoria. Pero si de algo estaba seguro y sabía bien, era que en su memoria había demasiados recuerdos enterrados no porque no hubiera aprendido de ellos, ni porque deshacerse de ellos fuera la solución para continuar sin ser atosigado por los mismos.
Pero no era el momento correcto para atormentarse con ellos, si se había dicho a sí mismo que eran necesarios, no tenía otra opción que creerlo. Cierto mal presentimiento le recorrió el cuerpo en cuanto se decidió a abrir la segunda puerta.
jueves, 2 de septiembre de 2010
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